
Es cierto que desde la administración se presume de haber impulsado algunas medidas, como las viviendas de protección oficial, pero muchas veces estas medidas pierden su sentido al llevarlas a la realidad. En algunos municipios se pueden ver ejemplos de ello: viviendas unifamiliares de 3 plantas con jardín y garaje individual, pisos equipados con aire acondicionado o algunos equipamientos que sobrepasan el concepto de necesidad en la sociedad actual, son solo algunos ejemplos de vivienda de protección oficial que podemos citar. ¿No es cierto que cuando se trata de proveer de un techo a personas que tienen dificultades para acceder a él, todos estos “lujos” resultan algo contradictorios? No seria extraño pensar que la arquitectura podría contribuir de forma más activa en el problema, por ejemplo intentando definir que equipamientos son actualmente “necesidad” y cuales sobrepasan este concepto. O en establecer los parámetros de una “arquitectura de protección oficial” para tratar de abaratar los costes, y que pudiesen ser producidas en mayor número y vendidas a un precio mas bajo, en lugar adjudicarlas a través de sorteos como si de un boleto de lotería se tratara.
Y lo cierto es que cuando ampliamos nuestra perspectiva para ver la realidad actual, a escala mundial por ejemplo, nos damos cuenta de que la deuda es aún mayor. Mientras nuestros arquitectos más reconocidos hacen realidad sus sueños más húmedos edificando grandes hoteles y demás monumentos a la banalidad en Dubai, todos tenemos en nuestras retinas las crudas imágenes de cómo los últimos azotes naturales han devastado, en la otra punta del mundo, toneladas de hormigón y vida en Haití. Probablemente no toda la culpa sea de la arquitectura, pero si una parte de responsabilidad. ¿Cuantos avances técnicos o conceptuales se han hecho últimamente pensando en dotar a las zonas más desfavorecidas de otro tipo de arquitectura? ¿Y cuantos pensado en los grandes monumentos del mundo desarrollado? No es insólito pensar que a una zona tan azotada por huracanes y terremotos no se le ajusta bien una arquitectura tan rígida y si algún otro tipo, quizás más fácilmente re-construible, reutilizable o al menos no tan “devastable” al paso de un fenómeno natural.

Si, como se dice, somos hijos del movimiento moderno, ¿Qué pensarían nuestros padres al ver como exhibimos, con nuestra monumentalidad, el dominio de la técnica que heredamos, en lugar de ponerla al servicio de las necesidades de la gente? Ellos, que tanto se preocuparon y debatieron en sus cruceros de lujo sobre el problema que suponían esos millones de obreros sin hogar…

Albert Jové Bellot